Una monedita por favor…
Por Manuel Medina
Conseguir monedas se convirtió en los últimos tiempos en una tarea por demás difícil. La escasez de circulación del redondo vil metal dificultó el normal desarrollo de la actividad comercial tanto como la vida cotidiana de la población que está obligada a la utilización del transporte colectivo para desplazarse en la ciudad y alrededores.
Ni los bancos entregan monedas a la gente, con lo cual no se sabe bien adónde recurrir para conseguir el cambio necesario que se exige en casi todas las transacciones o el peso justo que se necesita para viajar en colectivo. Cómo siempre la población es la que sufre y, también como siempre, parece que algunos sacan provecho de la situación.
Una de las causas de la falta de monedas, que circula de boca en boca y algunas páginas de internet locales se han hecho eco de la misma, sería el hecho de que las empresas de colectivos retendrían las monedas y las “venderían”, obteniendo una ganancia extra a partir del sobreprecio que cobrarían por tal operación. Como si las monedas de uso corriente pudiesen ser un elemento más de comercialización en esta economía de mercado que no tiene control ni límite en su ambición de lucro.
Así es como algunos comerciantes (en general kiosqueros) se verían obligados a “comprar” monedas a revendedores para disponer del preciado elemento (tan básico como el agua en esta sociedad de consumo) y no perderse la oportunidad de una venta por no poder dar el vuelto. Dicen que por cien pesos se consiguen apenas noventa y cinco monedas (o noventa y cinco pesos), y dicen también que las empresas pagan la parte “en negro” de los sueldos con monedas, y de esa forma estas nunca vuelven al circuito a través de los bancos. Quedan encerradas en el circuito del lucro ilegal. ¿Será otra obra de la famosa viveza criolla de la cual son víctimas los propios criollos?
Sea como fuere, quienes viajan en colectivo saben de las tribulaciones por las que se debe pasar para conseguir las varias monedas diarias que están obligados a depositar en las máquinas expendedoras de boletos. Muchas veces, ante la falta de monedas la gente debe comprar sin necesidad cualquier cosa con tal de ir juntando el cambio para viajar, lo que afecta aun más el deteriorado bolsillo de quien no tiene otra que tomarse el colectivo.
Frente a tantos problemas económicos que aquejan a la población, este de las monedas parecería una tontería. ¿Lo es? Perder el tiempo del almuerzo en el banco para que el cajero informe que no tiene monedas o que solo puede dar dos pesos, gastar todos los días un peso en golosinas para conseguir el peso para volver a casa, caminar quince cuadras para tomar un solo transporte en lugar de dos, son pequeñeces que nunca van a ser discutidas en los despachos del Ministerio de Economía. Lamentablemente, en esos despachos se discute sobre temas importantes, no sobre lo que le pasa diariamente a la gente.
Supuestamente para paliar este problema algunas empresas están implementando el sistema de tarjetas. Uno compra una tarjeta de diez pesos y ya no necesita monedas, al menos por diez viajes. El asunto es que esa tarjeta sirve solo para la línea de colectivos que la emitió, con lo cual la gente debería tener una tarjeta por cada línea de colectivo que suele tomar. Es una solución que no llega ni a los pies del problema.
¿Qué tal si se les obliga a las empresas de colectivos a depositar en los bancos las monedas recaudadas? ¿Y si en lugar de máquinas expendedoras de boletos colocan máquinas tragamonedas?
Si se le ocurre alguna solución puede mandarla a apuntesdebarrio@yahoo.com.ar



